TORIBIÓN DE LLANOS Y LA CAZA DEL OSO (VI): LA ÚLTIMA HAZAÑA DE TORIBIÓN

Terminamos la serie de Toribión con el relato de la última aventura del mataosos de Llanos. Aparece en las páginas de una edición de la revista LENA, y firma el texto Lin de Roces, seudónimo de Constantino Rebustiello. Como en la anterior entrega, queda a juicio del lector la distinción entre novela y realidad.

Lucha con el oso

LA ÚLTIMA HAZAÑA DE TORIBIÓN DE LLANOS

Toribio García Morán, “Toribión de Llanos”, fue un personaje de leyenda. Fue el más famoso cazador de nuestro concejo de todas las épocas. Sus hazañas casi pueden compararse con las de Xuanón de Cabañaquinta.

Esperaba los osos a pecho descubierto, dejándose abrazar por ellos, y cuando la fiera le tenía entre sus zarpas le clavaba su cuchillo de forma tan hábil, dándoles muerte. Otras veces provocaba a los plantígrados en sus cuevas para hacerlos salir del cubil y en la salida los esperaba con aquellas imprecisas escopetas de chispa, para abatirlos de certero disparo. Dícese que una vez falló, y el osos, enfurecido, le causó graves heridas.

Hasta su muerte está rodeada de aureola y leyenda. Llanos de Somerón, a principios de siglo, era una aldea agrícola-ganadera, perdida en el valle payariego. Algo turbaba entonces la paz del pueblo. A la entrada, cerca del viejo molino que hacía funcionar un pequeño regato, duendes o brujas rondaban por la noche, decían los vecinos.

  • Es un “miedo”. Chilla como un “furón”.
  • Callar por Dios. Es un alma en pena. Anteayer menudo susto me dio. Las vacas no querían acercarse a la reguera. Yo oí el raro auillido.

Esta y parecidas conversaciones se oían en las tertulias del pueblo. Un pueblo que vivía medroso y atemorizado.

Toribión rondaba la vejez. Yo no era cazador famoso. Pero aún, pese a las huellas que en su cuerpo habían dejado las fieras, conservaba la arrogancia y fortaleza que le habían hecho famoso. Un atardecer…

  • Toribión, Toribión… Por Dios, protégeme… Allí, junto al molino, las vacas escaparon, vi el “miedo”. Es un monstruo.

Era su esposa la que, asustada, había irrumpido en la cocina dando esos gritos.

  • Cálmate mujer. Descuélgame la foz y por Dios, cálmate.
  • No, no vayas. Te conozco y harás alguna de las tuyas.

La casa se había llenado de vecinos. Todos querían convencer a Toribión para que no fuese.

  • Esto se acaba hoy. Quedaros y esperad.

Allí fue el legendario personaje. Las mujeres iniciaron el rezo y el rosario. Cuéntase que al poco se oyó un aullido extraño. Un grito extraterreno. Pasada media hora apareció Toribión en la casa. Venía pálido y desencajado.

  • No os asustará más el miedo. Pero llamar pronto al señor cura; yo me muero.

Nadie arrancó una palabra más a Toribio. Cayó en cama y falleció pocas horas después.

Aún pasó mucho tiempo antes de que nadie se atreviese a rondar el molino de noche. Pero jamás se supo que allí se escondiese ningún otro misterio. Toribión se fue a la tumba aquella noche sin querer revelar el enigma.

En Llanos esta leyenda se transmite de padres a hijos, y cientos de veces se cuenta y narra la muerte de Toribión en las esfoyazas o en las tertulias que se forman en las largas tardes invernales.

LIN DE ROCES

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