TORIBIÓN DE LLANOS Y LA CAZA DEL OSO (III): BREVE HISTORIA DE LA CAZA DEL OSO EN ASTURIAS

La caza del oso en Asturias se recoge desde tiempos inmemoriales, asociada muchas veces a creencias y leyendas muy arraigadas en nuestra sociedad tradicional. Basta recordar cómo en los orígenes del Reino Asturiano ya surge la imagen del oso temible, como bestia capaz de matar al mismo Favila, a quien se le suponían los atributos de fuerza y valor que iban unidos a la figura del rey guerrero. Así, los principales cazadores de osos se recuerdan mitificados, rodeados de leyendas e imágenes heroicas. El peligro que suponía perseguir y abatir a la fiera otorgaba gran mérito a quienes lo conseguían. Eran considerados hombres fuertes y valerosos, merecedores del respeto y admiración popular.

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La leyenda de Favila y el oso es uno de los mitos más arraigados en la Historia de Asturias. En la portada del Monasterio de San Pedro de Villanueva los capiteles tallados narran la tragedia. El de la imagen representa el combate en el que Favila es despedazado por el oso en una cacería. Aprovecho para recomendar la página Asturgeografic, que ofrece un interesantísimo recorrido por el patrimonio asturiano, y de la que se ha obtenido la fotografía: http://asturgeografic.blogspot.com.es/2011/12/san-pedro-de-villanueva-ii.html

Lobos, zorros, y otras alimañas eran perseguidas incansablemente, pero sin duda el oso fue siempre considerado el mayor de los trofeos. Destacaron numerosos nobles e hidalgos asturianos aficionados a la caza de este animal, a quienes se les reconoce gran destreza en este arte venatorio. Practicaban dos modalidades. Una de ellas consistía en hacer batidas en campo abierto ayudándose de perros para perseguir al animal, que finalmente era abatido con venablos o ballestas y, posteriormente, con armas de fuego como arcabuces o mosquetes. Pero lo que más debía estimular a los aguerridos cazadores era la práctica del cuerpo a cuerpo. Consistía en buscar a la fiera en su propia cueva, provocándola para salir. Cuando el oso se abalanzaba sobre el matador, éste le arrojaba un capotillo a los ojos y se abrazaba al animal para que no pudiese alcanzarlo con sus garras o sus fauces. A la vez, le clavaba una lanza o puñal en el pecho, hasta que cayese abatido.  Pero también se utilizaron cepos y otras trampas. Los pozos fueron construidos principalmente para capturar lobos, aunque también caerían osos. Se trataba de profundos fosos ocultados por ramas y follaje. La alimaña era atraída por un cebo y una vez que se precipitaba al hoyo ya no podía escapar y era abatida por los lugareños con lanzas o incluso a pedradas.

Cacería de osos, “Libro de la montería de Alfonso XI”. Escena de la caza medieval del oso pardo.

 El oso fue estigmatizado y considerado una bestia perniciosa. Se le acusaba de provocar daños en los ganados, en los cultivos y, especialmente, de destruir  las colmenas. Pero también era una captura cotizada por su piel, con la que se manufacturaban alfombras, adornos, monturas y prendas de abrigo. El famoso unto (untu), la grasa del oso, era muy  apreciado por sus propiedades curativas, especialmente de las afecciones reumáticas. No tanto la carne, considerada algo blanda y oscura.

 La caza del oso y otras alimañas no fue únicamente un divertimento para nobles. Fue también una actividad lucrativa de la que muchos labradores y modestos hidalgos se aprovecharon para mejorar su frágil posición económica pues cada captura era recompensada. Así, entre 1745 y 1843 la Junta General del Principado fomentó la matanza de todo animal considerado dañino, especialmente la del oso, recompensando cada pieza abatida con un premio de aproximadamente 60 reales de vellón el ejemplar adulto (15 si se trataba de una cría). Una vez mermada la población osera se dejaron de pagar las capturas, pero se continuó persiguiendo al animal, tanto por su finalidad práctica para evitar daños como por los beneficios que reportaba la venta de la piel, el unto y la carne.

Numerosos cazadores se recuerdan en Asturias, cuyas peripecias resuenan con un tinte novelesco, casi épico, entre los siglos XVIII y XIX: Juan Díaz-Faes “Xuanón de Cabañaquinta”, Luis Faes “El Corsario”, Francisco Hortal, Manuel Álvarez “el cazador de Urría”, Juan “de Tarna”, Francisco Garrido, “Xuacón de Santiago”, “Mudín de la Reguera”,… y así otros muchos. En ninguna lista falta, con más de sesenta osos abatidos, nuestro personaje “Toribión de Llanos”

Caza del oso, hacia 1924

Links de interés:

El oso pardo en Asturias: http://www.senderismoenasturias.es/osopardo.htm

La caza del oso: http://www.lne.es/mar-campo/2012/08/13/caza-oso/1283701.html

Los osos de Ignacio Rodríguez: http://www.ignaciogracianoriega.net/enh/20060215.htm

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