BIOGRAFÍA DE TOMÁS SUÁREZ PEDREGAL

Tomás Suárez Pedregal fue un escritor y funcionario del siglo XIX. Nació en Oviedo el 21 de diciembre de 1818, siendo hijo del Licenciado D. Felipe Suárez, Juez Noble de dicha ciudad, y de Dª Rafaela Díaz de Pedregal y Castro. Aunque se ignora si tenía vínculos familiares en Llanos de Somerón, parece probable, pues aquí pasó varias temporadas de su vida y escribió alguno de sus artículos.

Se preparó con estudios que se desconocen, comenzando a escribir de joven en periódicos ovetenses como El Independiente y el Faro Asturiano, dirigidos por Protasio González Solís, quien recogió los únicos artículos que actualmente se conservan, en su obra Memorias Asturianas[1]. Firmaba sus artículos bajo el seudónimo de Pedro Callejas o Julián Callejas, con los que consiguió gran divulgación. Del artículo recogido en el mencionado libro, una epístola dirigida a su amigo D. Juan Carreteras (seudónimo del aristócrata avilesino Juan de Llano Ponte), se destila su tendencia conservadora, al defender firmemente la declaración de la religión católica como religión del Estado, excluyendo cualquier otra, y oponiéndose a la propuesta de los demócratas de aprobar la “libertad de cultos” en las Cortes Constituyentes en 1855.

Aunque sus aportaciones periodísticas debían versar principalmente sobre cuestiones políticas y sociales, parece ser que fue él quien escribió por primera vez sobre las hazañas del célebre matador de osos Toribión de Llanos, cuyas historias llegaron a aparecer en revistas y periódicos madrileños, otorgándole gran fama. Si bien los relatos originales no se han podido localizar, las aventuras del popular cazador han llegado a nosotros gracias a los artículos de Rebustiello, quien recuperó su figura en los años 60 del pasado siglo, tomando como referencia, según se desprende de sus reportajes, los textos del propio Pedro Callejas.

Sin embargo, la profesión a la que dedicaría sus mayores esfuerzos y que le ocuparía hasta bien avanzada la vejez, fue la de funcionario al servicio del Estado. Compaginó su labor periodística con el inicio de la carrera administrativa, que emprendió a los veintiocho años. Ingresó como Auxiliar de 3ª Clase del Consejo Real en 1846 y progresó paulatinamente en el escalafón hasta alcanzar, en 1860, el cargo de Oficial Mayor en la Sección de Hacienda del Consejo de Estado, siendo ratificado en su puesto por el Presidente de la República en 1873. En 1900, con casi ochenta y dos años de edad y tras cincuenta y cuatro de servicio, cesó de su cargo por jubilación. Dada su dilatada trayectoria en este organismo, el Archivo del Consejo de Estado conserva un voluminoso expediente personal, de carácter puramente administrativo.

Durante esta larga etapa desempeñó sus funciones de consultor en dicho organismo con máxima autoridad y gozando de sumo respeto y admiración. Rechazó tenazmente, según consta, tentadores ofrecimientos y protecciones, entre ellas la Subsecretaría de Estado de Hacienda, excusando para ello las peticiones de ministros y otros superiores. Las buenas palabras sobre su persona que se recogen en Memorias Asturianas le atribuyen grandes méritos y servicios al país y a su tierra. Entre otros agradecimientos, destaca uno que figura en 1877 en un periódico gijonés[2], en el que se celebra la presencia de Tomás Suárez en el Consejo de Estado para proceder con rapidez a la aprobación del expediente favorable a la construcción del ferrocarril del noroeste, tan necesario para Asturias.

Pese a residir en Madrid desde su ingreso en el Consejo de Estado, Tomás Suárez no debió olvidarse nunca de sus orígenes. Consta que pasaba temporadas en Llanos de Somerón, donde escribió alguno de sus artículos[3]. Todavía algún vecino de Llanos recuerda haber oído a sus mayores hablar de la sabiduría y vasta ilustración que manifestaba el Sr. Suárez en sus visitas. Pero sobre todo, el pueblo de Latores, del que procedía parte de su familia, debió estarle sumamente agradecido. Varios diarios del momento alabaron la generosidad de este personaje por el mecenazgo que ofreció a los escolares del lugar. Primero, en 1893, hizo una generosa aportación económica para la adquisición de material escolar[4], y luego, en 1897, impulsó y sufragó la construcción de un nuevo edificio para albergar las escuelas (actual centro social de Latores), dada la precariedad del antiguo local. En su inauguración se colocó una placa con una inscripción de agradecimiento, que aún se conserva[5].

Varios años después, Tomás Suárez, ya jubilado, volvió a aparecer en los periódicos, esta vez en las crónicas de sucesos. Era sabido que durante tanto tiempo ocupando altos cargos al servicio de la Administración había logrado acumular una considerable fortuna.  Conscientes de ello, dos individuos se las ingeniaron para entrar en su domicilio de Madrid y desvalijar todo el dinero que allí encontraron. La aguda intuición del portero del edificio impidió que lograsen su objetivo ya que fueron detenidos poco después, tras darse a la fuga. Así lo contaba un diario de la época[6]:

ROBO AUDAZ EN LA CALLE DE LAS INFANTAS
Ayer tarde se cometió un robo de más de siete mil duros en la calle de Las Infantas, números 19 y 21, piso segundo derecha, habitación de D. Tomás Suárez Pedregal. Próximamente a las tres y media de la tarde se presentó en el portal de la citada casa un sujeto decentemente vestido, que llevaba capa, sombrero hongo y usaba lentes. Otro quedaba en la calle, frente a la casa, sin duda en acecho.
El portero preguntó al desconocido:
– ¿A qué cuarto va usted?
– A casa de D. Eusebio Navarro.
Y le dejó subir.
Este señor, que es cajero del Banco de Castilla, vive en el piso tercero. El Sr. Suárez Pedregal, de ochenta y cinco años, es adinerado y vive sólo en compañía de un criado, Vicente Álvarez. El primero había salido temprano de casa, para asistir a la Junta de accionistas del Banco de España, y poco después marchóse el criado. Al poco rato bajó el Sr. Navarro con su familia y una muchacha. El portero, que se había escamado del caballeo del sombrero hongo, se extrañó de que éste no bajara con la familia del Sr. Navarro, al cual preguntó:
– Don Eusebio, ¿no ha subido a su casa hace unos veinte minutos un señor que me ha preguntado por la habitación de usted?
– Sí, ha llamado a mi puerta un individuo preguntando por D. Tomás Suárez Pedregal y la muchacha le ha dicho que en el piso de abajo vivía.
Las sospechas del portero crecieron, puesto que el desconocido no había bajado. En este estado las cosas, apareció en la escalera el individuo en cuestión y el criado del señor Suárez en la puerta. El portero detuvo al ladrón, que por tal le tenía, y con fundamento, y llamando al criado le dijo:
– Tenlo bien sujeto hasta que yo baje. Quiero ver lo que ha hecho por arriba.
Convencióse el portero de que había gente en todos los pisos y que se hallaba cerrada la puerta del Sr. Suárez. Al bajar el portero se le escapaba el ladrón al criado, dejándole con la capa en la mano y emprendiendo veloz carrera por la calle de las Infantas abajo. Echaron a correr tras él, y un cabo del regimiento de San Fernando, llamado Manuel Nogués, detuvo al caco en la esquina de la calle de Colmenares, conduciéndole a la Delegación de Buenavista. En el camino se aproximó un sujeto que era, sin duda, el compañero que estuvo de centinela frente a la casa robada. El cabo llamó a una pareja de guardias de Seguridad, que detuvieron al amigo.
Ya en la delegación, dijo llamarse el ladrón Sebastián García Ballesteros, de cuarenta y nueve años, billetero de oficio y que habita en Embajadores, 47. El compinche se llama Juan de Dios Valle, de treinta y ocho años, de Madrid, armador de camas, y vive en Amparo 70. Al García se le ocuparon 35 billetes de 100 pesetas en un sobre, y en un portamonedas un billete de 1000, 5 de 100, 5 de 50, 11 de 25, cuatro monedas de oro de 25 pesetas, dos de 20 y unas monedas de plata. En total, 37.171 pesetas. El agente Sr. Morán, que se hallaba solo en la Delegación, instruyó el atestado correspondiente y pasó al García y al compañero al Juzgado de Guardia, donde quedaron incomunicados.

ABC. 12-3-1903. Tomás Suárez Pedregal

Poco después del incidente del robo, el Sr. Suárez debió trasladarse de vuelta a Oviedo, a tenor de una noticia del 23 de septiembre de 1903[7] en la que se anuncia que su pensión de 8000 pesetas como Oficial de Mayores del Consejo de Estado pasaría a ser abonada por la Tesorería de Hacienda de esta ciudad. Allí viviría los últimos años de su vida, al menos hasta 1905, pues se tiene constancia de una aportación de 10 pesetas como socio de la Asociación Ovetense de Caridad[8]. Por entonces, D. Tomás Suárez, de entorno a noventa años de edad, gozaba de una longevidad extraordinaria para su época, no pudiendo precisarse la fecha de su muerte. Falleció sin descendencia conocida.

David Ordóñez Castañón


NOTAS

[1] Protasio González Solís. Memorias asturianas. Madrid, 1890.

[2] La Opinión. Periódico de intereses morales y materiales. Año I Número 7 – 7 de octubre de 1877.

[3] Entre ellos el que se recoge en Memorias Asturianas.

[4] La Opinión de Asturias. Año I. Número 164 -24 de agosto de 1893.

[5] La Unión Católica. 20 de septiembre de 1897

[6] El globo. Edición Madrid. Lunes, 9 de marzo de 1903.

[7] El Progreso de Asturias. Año III Número 535. 26 de Septiembre de 1903.

[8] Memoria de los trabajos realizados por la Asociación Ovetense de Caridad en el primer año de su ejercicio (1905) – Asociación Ovetense de Caridad.

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