BIOGRAFÍA DE JUAN GONZÁLEZ BAYÓN

Por Marta Susana González de Estévez

PEQUEÑA HISTORIA 

Mi abuelo Juan González Bayón llegó a la Argentina alrededor del año 1907[1]; lo esperaba su hermano Benjamín que había llegado poco antes. Se instaló en el pueblo de Mechita, distante 300 km de Buenos Aires, al oeste de la Provincia de Buenos Aires. Mechita era un centro ferroviario cercano a la ciudad de Bragado,  ubicada en plena pampa argentina, rodeada de chacras[2] y cabañas ganaderas. Juan ingresó en el ferrocarril,  en ese tiempo a cargo de empresas inglesas, y trabajó en ella hasta su jubilación como maquinista. Al año de su llegada llegó su esposa Rosario Menéndez Fernández con el pequeño hijo Benjamín y se instalaron en la pequeña casa armada por Juan con todo lo necesario. Allí nacieron Amparo en 1909, Silverio en 1910, Narciso en 1912, Armonía en 1913 que falleció de muy pequeña,  y Floreal en 1916.

Famila de Juan González BayónAños 20. Juan González Bayón, sentado en el centro, rodeado de su esposa e hijos.

 Alrededor de 1928 toda la familia se trasladó a la ciudad de Buenos Aires y tiempo después llegaron a Haedo a la casa que habían construido. En esa casa propia con un diseño avanzado para su tiempo la familia siguió su vida. Juan y Rosario se empeñaron mucho en la educación de sus cinco hijos, incluyendo el arte y el deporte como parte de la formación, en un tiempo en que la generalidad de la población originaria e inmigrante, escasamente accedía a la educación básica. Todos los hijos pronto trabajaron y formaron sus familias.

 Juan y Rosario volvieron a España en 1951; habían pasado más de 40 años de su partida. En su querida Asturias habían quedado todos sus afectos, pudieron encontrarse con muchos pero lloraron la ausencia de algunos. Volvieron plenos, renovados y comenzaron a vivir los tiempos de su vejez.

Familia de Juan B. González BayónJuan y Rosario, acompañados de sus hijos, en el barco antes de partir a España en 1951.

 Juan siempre inquieto compró una chacra en Alberti, un pueblo cercano a Mechita, y allí se dedicó a la apicultura. Juan y Rosario pasaban allí largas temporadas y volvían luego a Haedo  al encuentro con la familia; en esos años tres de los hijos vivían en Haedo, otro en Capital, y Amparo en la ciudad de La Plata, distante 90 km de Haedo todos con sus familias que les dieron cinco nietos.Los últimos años en la década del ’70 los acompaño su hija Amparo ya viuda. En Octubre de 1978 murió Rosario y en Diciembre del mismo año Juan; los dos tenían 92 años.

Juan B. González Bayón y RosarioLos abuelos Rosario Menéndez y Juan González en el patio de la casa de Haedo. En la década del 70. Próximos a los 90 años.

PERFIL DEL ABUELO JUAN

Siempre dijo llamarse  Juan Bautista González Bayón aunque en su partida de nacimiento solo figura Juan. Nació el 23 de agosto de 1886 en La Veguellina de Cabezón. Fue un hombre muy recto, serio, honesto, trabajador y muy respetado y reconocido. Se destacó entre los hombres de su tiempo por su profundo interés por la política, lo social y el estudio. En su vida laboral fue un referente en las organizaciones que trabajaron constantemente  para lograr mejores condiciones de trabajo para los empleados ferroviarios. En lo personal fue un autodidacta, Se interesó mucho por la filosofía y llegó a formar parte de la Sociedad Teosófica de Buenos Aires.

Juan B. González Bayón

Sostenía que el hombre tenía que explorar su naturaleza, buscar la verdad y sentido de su existencia, tender a la fraternidad de la humanidad y respetar las leyes del universo, Creía profundamente en Dios pero no en intermediarios para llegar a Él con sentido de trascendencia. Su postura, que trataba de dar a conocer a todos, generaba largas charlas y pequeñas discusiones, sobre todo con los nietos. Tenía un nutrida biblioteca personal en su casa que fue su refugio en los últimos años.

Juan B. González Bayón (2)

 Junto a este perfil intelectual desarrolló una faceta artesanal interesante: la carpintería. Sus nietos poseemos aún muebles y sillas diseñados y construidos por  él. También era un visionario sobre el valor de la naturaleza y el cuidado del planeta. Cuidó siempre su salud desde una postura naturista; la harina integral, las verduras, frutas,  miel y leche eran sus alimentos básicos, y fue el motor de su dedicación a la apicultura. Sin duda su postura filosófica, nutricional, su apuesta al trabajo y al desafío de proyectos a cumplir lo mantuvieron con extraordinaria lucidez hasta su muerte. El recuerdo de su pueblo y de su familia siempre estuvieron presentes junto al soñado sonido de la gaita.

Juan B. González Bayón (3)

 Rosario Menéndez Fernández fue la esposa de Juan durante 72 años. Ella fue quien más manifestaba por los dos la tristeza por la lejanía de la familia y la tierra. Tuvo una melancolía constante que solo mitigaba con la cercanía de los hijos y el amor por “su viejo” que manifestó hasta el fin de su vida, aunque Juan fue poco afectuoso, y  poco demostrativo con ella. Fue un ama de casa dedicada y laboriosa, sumamente prolija, tejía y cosía bien y amaba sus plantas y su casa. Era sumamente discreta, sencilla y cariñosa

 El caso de ellos que vinieron a América sin su familia de origen fue duro. Dejaron todas sus raíces allá en tiempos en que la comunicación  era solo por cartas espaciadas que tardaban meses en llegar. Vinieron a un país desconocido y se instalaron en lugares que eran muy distintos a su  Asturias; solo llanura, tierra y cielo unidos en el horizonte. Compartieron con los habitantes originarios e inmigrantes de distintos países, resguardaron sus costumbres, incorporaron otras, y entre todos hicieron esta Argentina grande que luego lograron empequeñecer distintos gobiernos.

 Los descendientes de aquellos inmigrantes en gran mayoría resguardamos los valores que ellos nos legaron; el trabajo, la honradez, el amor al lugar donde nacimos y el estudio.


NOTAS

[1] Según se recuerda en Llanos, el motivo de la partida fue, además de la escasez del momento (ya explicado en la anterior publicación), evitar el servicio militar.  Por entonces, el servicio era prolongado, de entre tres y siete años,  y no todas las familias podían eludirlo mediante el pago de un sustituto o la redención en metálico (un recurso paterno habitual en familias acomodadas). La alternativa más barata era emigrar a Sudamérica, con la esperanza de regresar al cabo de unos años con mayor fortuna.

[2] (Del quechua ant. chacra, mod. chajra). 1. f. Am. Mer. Alquería o granja.

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