Retratos del Valle del Pajares

Las montañas del Valle del Pajares llevan cientos de años embelesando a los caminantes que las recorren. Sus caminos, hermosos pero muy duros, nunca dejaron a nadie indiferente. Numerosos viajeros han dejado constancia de sus impresiones tras su paso por estas montañas, entre ellos: Bartolomé Fontana[1], Gaspar Melchor de Jovellanos, Rafael de Labra o Juan Menéndez Pidal. Otros, en lugar de la pluma, han utilizado los pinceles para describir la misma fascinación que les despertaban estos parajes. Carlos de Haes[2], pintor de origen belga, viajó en el siglo XIX por Europa retratando los más bellos paisajes. En alguna de sus campañas visitó Asturias, y a su paso por el Puerto de Pajares, realizó varios dibujos, algunos de los cuáles los podemos contemplar en el Museo Bellas Artes de Oviedo.

Algunas de sus obras:

↑ Cañada en el Puerto de Pajares. 1871 (óleo sobre lienzo, 32,5×43 cm)

↑ Rocas. Puerto de Pajares. 1875 (óleo sobre papel, 32,5×42 cm)

↑ Puerto de Pajares (óleo sobre lienzo)

↑ Montañas del Puerto Pajares. Aprox. 1874 (óleo sobre papel, 28×42 cm)

↑ Pajares. 1862 (Lápiz sobre papel, 101×173 mm)

↑ Pajares. 1874 (Lápiz sobre papel, 101×173 mm)

Recientemente, Jose Carlos Muñoz Barrero nos ha hecho saber de una pintura similar de Juan Espina Capo, alumno de Carlos de Haes y acompañante en las distintas excursiones o salidas campestres para poder pintar en pleno aire libre. Se trata, como la anterior titulada Puerto de Pajares, de una vista de Las Tres Marías, realizada probablemente desde la cima del Cuitu Nigru.

Espina_1.2

↑ Puerto de Pajares (óleo sobre lienzo, 18×42 cm)

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[1] Caminante autor del primer relato itinerante de su peregrinación desde Venecia a Santiago,  en 1539. Tras su paso por el Pajares decía: “O Asturia, bella Asturia, tu sei piu bella e sei piu dura”.

 [2] Carlos de Haes (Bruselas, 27 de enero de 1826 – Madrid, 17 de junio de 1898). Fue un pintor paisajista, al que se puede clasificar dentro de la tendencia del realismo. Siguiendo el ideal académico, consideraba que el fin del arte es la verdad que se encuentra en la imitación de la naturaleza, fuente de toda belleza por lo que el pintor debe imitarla lo más fielmente posible, debe conocerla y no dejarse llevar por la imaginación. En cuanto a la técnica de su pincelada tiene connotaciones impresionistas, no así con el tratamiento de la luz y el color

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